No a los libros
Si queremos aprender, no acudamos a los libros. Se aprende conversando. En primer lugar, con el que sabe. En segundo, con el que quiere saber.
Dejemos la escritura para guardar informacion, pero no sabiduría.
Si queremos aprender, no acudamos a los libros. Se aprende conversando. En primer lugar, con el que sabe. En segundo, con el que quiere saber.
Dejemos la escritura para guardar informacion, pero no sabiduría.
Si definimos la Evolución como mutación aleatoria + selección natural (evolución darwiniana), este procesó ya no afecta al ser humano. Desde que apareció la cultura, ninguna mutación genética tiene la fuerza suficiente para determinar la supervivencia de un humano.
Se terminó la Evolución para el hombre, ahora lo que nos rige es la Historia, que es una mezcla de libertad y mecánica.
Lo que nos entusiasma de la Modernidad es el aumento en la mal llamada “calidad de vida” (es una cantidad).
Pero este progreso no lo debemos a la Ciencia, sino a la Técnica, que es la aplicación del conocimiento a la producción de resultados.
Pero, además, el crecimiento tecnológico no hubiera sido posible sin la acumulación de capital provocada por el crecimiento económico.
What we consider beauty traits are all fertility indicators: strength; shape of breasts and hips; skin texture etc. Nature is trying to manage reproduction. Let’s not mess with it.
Discriminar (seleccionar + excluir) es la operación más natural del trabajo (de darle orden a la realidad). El trabajo es el arte de seleccionar los recursos adecuados para cada fin.
Es una quimera moderna (atomista) pretender que existen hombres (individuos) abstractos, homogéneos e intercambiables.
El discrimen por sexo es el más natural (baños sólo para mujeres) seguido del discrimen por edad (voto sólo para mayores).
Con la visión atomista (explicar las cosas por sus partes) de la Modernidad, vino en consecuencia, la creencia de que los seres humanos deberíamos de ser iguales. Esta visión ayuda en algunas cosas. Pero tiene el inconveniente de impedirnos ver que somos parte de un sistema, de un organismo, y por lo tanto nadie es igual a nadie. Todos somos únicos
Quien no ve las cosas así, ecológicamente, está condenado a vivir en un ” rat race” para destacar en este desierto de la igualdad, donde otros pueden hacer lo que yo hago.
El Derecho no es la expresión de una voluntad (del rey o del pueblo). El Derecho es la expresión de un orden.
Los mercados son para la sociedad como los instintos (hambre, sed, miedo) para el hombre: siempre hay que escucharlos; no siempre hay que seguirlos.
Los pasos para usar bien de esta ayuda de la naturaleza son, por tanto, iguales al arte de usar bien los instintos:
1. Dejemos que los mercados (que son “swarm intelligence”, y ven cosas que ninguna racionalidad singular puede ver) le ponga precio a las cosas que se pueden transaccionar.
2. Después, usemos la ‘sabiduría’ (razón + corazón + tradición) para decidir si el precio del mercado (lo que nos dicen los instintos) es un precio justo.
3. En tercer lugar, si el precio del mercado no es justo, es que hay información falsa en el sistema (una histeria, una burbuja). Tenemos, entonces, que educarnos mejor.
No debiera haber un sistema de retiro: no debemos retirar a nadie. Que todo el mundo trabaje hasta que se enferme.
Lo que sí debe haber es un ‘sistema’ (un apoyo de la comunidad) para cuidar enfermos: esto es lo natural.
Imaginamos la oración, ingenuamente, como un argumento para convencer a Dios de que haga algo. Pero la oración no es un mensaje desde la Tierra al Cielo, sino que es una apertura en nuestra alma para que el Dios pueda lograr su obra (la felicidad) en la Tierra a través nuestro.
Tenemos que pedir cosas, mucho, pero no para que se nos den, sino para que nos convenzamos de que eso es lo que Dios quiere, y nos decidamos a colaborar.
