¿Para qué orar?

No deja de ser llamativo que los evangelios nos presenten hasta 6 veces al Señor orando, hablando con Dios. No era simplemente levantar la mente a Dios un momento, sino de pasarse horas orando. Se ve que impresionó a los suyos.
El mismo Dios nos aconseja la oración en numerosos lugares (cuando ores, entra en tu habitación; oren para no caer en la tentación; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración; está triste tu corazón: ora!)

Dios creó al universo porque quería tener más amor para dar y para recibir.

Como ninguna criatura podría tener su misma perfección, lo que hizo fue crear una diversidad de seres (piedras, animales veloces, animales pequeños, plantas). Dios es tan fuerte como un rinoceronte, tan suave como una rosa, tan rápido como un guepardo, tan sutil como una aguaviva, sólido como una roca y etéreo como el aire.
Lo que hizo fue organizar una fiesta, un concierto. Organizó al cosmos jerárquicamente: abajo lo inanimado, luego lo animado, En la cima del universo puso a los seres inteligentes, que son los que son libres para buscar su propio fin. Esto fue un riesgo, porque podían desobedecer. Pero fue un riesgo calculado, porque la gloria que le dan las criaturas libres sobre pasa el daño que pueden hacer.
La idea que el la cima de la creación estuvieran unos seres inteligentes es que sean ellos los que en última instancia den a Dios la gloria completa de todo el universo, a base de conocer y amar la obra de Dios.
Cada ser le va a dar gloria buscando su propia perfección. Y buscando su propia perfección se armonizan todas sus actividades en una sinfonía sublime.
Hubo un pequeño problema temporero y es que este ser, cima de la creación, que es el hombre, en el momento en que estaba siendo creado, se rebeló contra Dios. Esto era un problema más grande de lo que parece, porque el hombre era la pieza que le daba el sentido último del universo. Sin un hombre que admire la creación, y la guíe, no llegaba a Dios el canto de las otras criaturas.
El plan que ideó para arreglar este destrozo fue grandioso. El podía haber simplemente perdonado al hombre. Pero para que el arreglo fuera mejor que lo arreglado, se le ocurrió que el hombre mereciera el perdón, que se lo ganará por sus méritos. Él mismo se hizo un hombre y, como hombre, amó tanto a Dios, que compensó de sobra la falta de amor original. Con esto logró reconectar otra vez el universo con su creador.
Pero en vez de hacer esa reconexión de golpe, en vez de poner las cosas como estaban antes del pecado original, lo que hizo fue dejar todo el caudal de sus méritos en manos de los hombres, para que ellos participaran en este reconectar al cosmos con Dios.
Siguió para esta reconexión el mismo sistema jerárquico que usó en la creación. No escribió nada: simplemente le enseño su alma a 12 hombres y les dio a ellos la misión de pasar la gracia.
De ahí nace la iglesia, los continuadores de esa misión de pasar la gracia. Nuestra misión es unirnos con Dios y unir a otras personas a Dios. Nuestra unión con Dios se realiza con los sacramentos, y con la oración.

¿Tiene sentido pensar que nosotros podemos pedir a Dios? ¿Tiene sentido pretender que Dios cambie sus planes porque nosotros de lo pedimos? ¿Podemos convencerle de que proteja a nuestro hijo en un paseo, si el tiene otros planes? Si nuestra mamá está anciana y enferma, ¿va Dios a darle la salud porque nosotros se lo pidamos?
Para entender bien la lógica de la oración, (y así orar con más fe y perseverancia) tenemos que entender bien la lógica de la santificación, también llamada la economía de la salvación. Cuando nosotros oramos no estamos convenciendo a Dios de que cambie su voluntad, sino que nosotros estamos identificando nuestra voluntad con la de Dios. Si no fuera así ¿qué sentido tendría el que la oración deba ser perseverante, insistente? ¿Es que Dios está muy ocupado y hay que insistir, a ver si lo cogemos en un momento en que nos pueda atender? No. Si nosotros tenemos que pedir muchas veces por una misma cosa, es para nosotros convencernos racional y existencialmente) de la bondad de lo que ya Dios quiere darnos.
En resumidas cuentas, Dios es el que salva y Dios es el que santifica y organiza todas las cosas para conseguir lo que él quiere con la creación, que es que suene una sinfonía preciosa cantada por todas sus criaturas, materiales y espirituales.
Los hombres tienen libertad para hacer o no hacer el plan de Dios ¿Significa esto que puede entonces haber desafinamientos, notas fuera de sitio, un tipo que mata o roba, o envidia? No ninguna nota cae fuera de sitio, porque Dios usa los comportamientos malos de los hombres, y los acomoda junto con otros comportamientos otras notas, para que se cumpla al final su plan completo, a pesar de no haberse cumplido su plan parcial individual sobre el que actuó mal.
Realmente sí se cumplió el plan sobre el tipo que pecó o incluso el que se condenó, lo que esa persona (nosotros) escogió fue separarse libremente de Dios, y Dios lo creó con esa potencialidad. Realmente Dios no condena a nadie, el condenado es un tipo que simplemente le cogió la muestre con su voluntad apartada de Dios y, por tanto, en la eternidad su voluntad se queda apartada de Él para siempre y a este estado le llamamos infierno.
Si entendemos, con esto la lógica de la santificación, vemos que el que nos llama a la santidad es Dios y el que nos lleva a la santidad es Dios. Nuestro único papel consiste en dejar hacer o, cómo se dice más técnicamente, ‘morir a uno mismo’, vaciar nuestra voluntad para que se llene de la voluntad de Dios. Pero este papel pasivo en nuestra santificación es, en la práctica, muy activo porque este identificarnos con él se logra en definitiva con la oración y con la mortificación, que es la oración de los sentidos.
Hemos de aspirar, por tanto, a hacer de nuestra vida toda una oración.

Sacerdocio de Mujeres

Por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes? ¿No es esto un discrimen? ¿No está la Iglesia relegándolas, como se ha hecho en las culturas antiguas? Ahora que, en nuestra cultura, la mujer está consiguiendo la igualdad con el hombre, ¿no debería la Iglesia también otorgar esta igualdad en la Jerarquía?   
+    Mujeres sacerdotisas no son una novedad. Todas las religiones antiguas las tenían. Excepto una: el judaísmo. La intuición cristiana ha comprendido que esta característica del judaísmo no era una cuestión trivial, y que defender la Escritura (no hay sacerdotisas ni en el AT ni el el NT) es defender la persona humana ¿En qué sentido impedir que haya sacerdotisas es defender la persona humana?
Para entender esto hay que ir al fondo del problema.
+    El fondo del problema es que en la cultura occidental se han producido dos fracturas, que han dejado a las mujeres muy mal paradas. La primera fractura es del vínculo entre sexualidad y matrimonio, que se ha creído tradicionalmente (no decimos que se hayan vivido, estamos hablando de principios morales no de actuaciones). “Separado del matrimonio, el sexo se a quedado fuera de órbita. Se hace un problema y a al mismo tiempo en un poder omnipresente”. Como consecuencia de esta fractura se ha producido, lógicamente, otra: la separación entre sexo y procreación. En primer lugar llegó la cultura anticonceptiva: tener sexo sin tener hijos. Y después la manipulación genética: fecundación artificial, clonación y manipulación genética: tener hijos sin tener sexo. “Se busca transformar al hombre y manipularlo como se hace con cualquier cosa: un simple producto planificado a voluntad” (Ratzinger).
+    La cultura actual es la única en la Historia donde se han dado estas dos fracturas. Y son fracturas en cosas naturales no en cosas culturales.Cuando se desvincula al sexo del matrimonio y de la procreación, éste se queda sin ninguna realidad objetiva que lo justifique y busca entonces una razón subjetiva: el placer como guía, lo que produzca el máximo placer. Desde este punto de vista, cada uno puede escoger le uso del sexo que le da más placer, y esto lo hará válido. Y la consecuencia a la que llegamos será que cualquier forma de vivir la sexualidad será igualmente digna, y por lo tanto igualmente válida. resulta lógico que se transformen en derechos todas las formas se satisfacer la sexualidad. La homosexualidad, que siempre ha existido, ahora se transforma en un derecho (y ¿cómo negarlo con semejantes premisas?).
+        Pero no terminan aquí las consecuencias de estas facturas. Al desgajarse el matrimonio de la procreación, por la quiebra del sexo, la fecundidad ya no se ve como una bendición, sino todo lo contrario, algo que amenaza “el derecho a la felicidad” el individuo. Por lo tanto, surge una obligación nueva de la sociedad que es la de facilitar que la gente no tenga hijos, con campañas antinatalistas.
+        Pero queda otra consecuencia esta fractura que es la que nos va a dar la explicación al problema del sacerdocio para las mujeres. Una vez rota la unidad entre sexo y procreación, ya el sexo no aparece como una caraterística determinante de la presona, como una orientación radical y originaria. Dicen “Qué mas da ser hombre o mujer, todos somos personas”. Esto, que parece tan bonito a primera vista, oculta un grave daño, significa que la sexualidad ya no es algo enraizado en la antropología, sino que es una mera función, que se puede hasta cambiar a voluntad. De aquí se cae un escalón más abajo, que es llegar a concebir a la persona como pura funcionalidad, al simple cumplimiento de un papel. Por ejemplo, consumidor o publicista, etc, de algo que no se relaciona directamente con la diversidad sexual. Entonces se da el siguiente paso: si la vida humana en su aspecto social se reduce a cumplir un papel determinado por la historia y por la cultura, y no por la naturaleza, inscrita en el lo hondo del ser, si las cosas son así, la maternidad no es más que una simple función. Se llega a la trivialización del sexo y de la diferencia sexual. Es una cuestión de dar una función a la sociedad. Visto así, es injusto que sea sola la mujer la que tenga que encargarse ella sola de esa función, de parir y amamantar.    
+        Entonces, las leyes y la ciencia acuden a luchar contra esta “injusticia de la naturaleza”, usando la manipulación genética o incluso el cambio de sexo. Y es en esta lógica que se puede reclamar para la mujer, entre otras funciones masculinas, la del sacerdocio.
+        Primero hay que argüir que, para los cristianos, el lenguaje de la naturaleza es el lenguaje de la moral. Es decir, que nosotros creemos que lo que es natural es bueno. Esto es muy profundo y tiene muchas implicaciones. Por ejemplo, así es como la Iglesia puede saber, en la práctica, qué uso de la facultad generativa es bueno o malo, o qué personas se pueden casar entre sí, o qué forma de distanciar los embarazos sería lícita, o que opinión merece la fecundación in vitro o la clonación, etc; cosas que no aparecen en la Biblia. Esto quiere decir, que si la naturaleza ha establecido dos sexos complementarios entre sí y a la vez, netamente distintos, no se puede violentar a la naturaleza sin estar haciendo un daño a la persona humana, porque, además del vacío moral, la naturaleza siempre se venga.   
+    Pero no solo esto, la mentalidad actual es esencialmente economicista: se valora el producir, los resultados. La persona se desarrolla, sobre todo en su profesión. Pero el economicismo, y el enfoque en resultados, son valores netamente masculinos. Se trata entonces de convencer a la mujer de que se la quiere liberar, y emancipar, induciéndola a masculinizarse, haciéndola homogénea a la cultura de la producción, sometiéndola al control de la sociedad masculina de los técnicos, de los vendedores, de los políticos, donde lo que marca la distinta valía de los distintos individuos es la cantidad de poder que tengan. En el economicismo no se valoran, y hasta se ridiculizan, los valores de ayudar, de consolar, de solidaridad, que son precisamente, las aportaciones propias de la feminidad.
+        Si a esto se une el problema de la falta de fe y de visión sobrenatural, que hace que se vea la Iglesia como un grupo humano más que busca influir sobre el mundo, que busca, en definitiva poder; si se ve así la Iglesia, esto es una razón más para que se quiera que las mujeres tengan también participación en este poder en forma del orden sacerdotal.    Cuando se calme la tempestad cultural y se dé a la feminidad el valor que tiene, y se vea la Iglesia y el sacerdocio en su justa perspectiva, entonces, la cuestión de la ordenación de mujeres quedará como una curiosidad histórica.

La Redención

+ Todos hemos oído que Jesucristo vino a la Tierra para salvarnos, para redimirnos. Y que desde su muerte y resurrección ya todo ha sido arreglado: ya estamos perdonados, y el destrozo del pecado original ha sido arreglado. Pero ha llegado la hora de que profundicemos un poco más en esta idea, porque hay muchas cosas que no están claras. Primero: ¿Por qué teníamos que ser perdonados, si los que pecaron fueron Adán y Eva? Segundo: ¿Por qué, para ser perdonado por Dios, había que hacer toda esa complicación? ¿No bastaba con que Dios nos perdonara? Y tercero: ¿En qué se nota que estamos ‘redimidos’y salvados? ¿Es que ya no se peca más desde que vino Jesucristo? ¿Es que ya nadie va al infierno?
+ Primero ¿por qué hacía falta un redentor? ¿No bastaba que Dios perdonase al hombre? Hubiera bastado, pero Dios, llevado por un amor desmedido por el hombre, quiso que el hombre mereciera el perdón, como para que no le quedara al hombre duda de que había sido perdonado, de forma que su relación de amor fuera más intensa.

+ Pero si tenía que ser un hombre el que mereciera el perdón, ¿qué hombre podría hacer algo tan bueno y tan grande que compensara la ofensa infinita del pecado original? Dios ideó un plan muy audaz: Él mismo se haría hombre y haría algo bueno para merecer el perdón. Suena esto como un poco infantil, pero es como el papá que le da el dinero a sus hijos para que le compren el regalo de Navidad. El papá se conforma con el ofrecimiento del regalo, aunque sea él mismo el que lo pagó.
+ Según este plan, hubiera bastado con que ese Dios hecho hombre ofreciera cualquier cosa, una oración, una gota de su sangre, para haber merecido el perdón de la humanidad.
+ Pero sabemos que ese Hombre-Dios no solo derramó una gota de sangre, sino que se sometió a torturas y murió, para ofrecer ese acto de obediencia, de aceptación, a Dios. ¿Qué fue lo que salió mal? ¿Por qué esa exageración, si se hubiera conseguido el mismo perdón con una oración? Parece ser que el plan de Dios con la Redención no era solo perdonar al hombre, sino:
1. Hacer una exhibición el amor que Dios tiene por el hombre, para que el hombre se convenza del amor que Dios le tiene: para excitar el amor del hombre hacia Dios.
2. Demostrar al hombre lo grave que es el pecado, que necesita esta clase de operativo para ser eliminado. Demostrar al hombre que las miserias de la condición humana actual no son ‘naturales’, no son consecuencia de la limitación de la materia animal del hombre.
3. Hacernos entender uno de los mayores misterios de la vida humana: el sentido del dolor.
+ Segundo: ¿en qué se nota que hemos sido redimidos? De hecho se dice que ‘hemos sido salvados’. Pero, seguimos, nos dicen, con la posibilidad de no salvarnos. Y estamos luchando todos los días contra el pecado: es una realidad que empapa nuestra existencia ¿dónde está la Redención?
+ La redención nos ha conseguido dos cosas que no teníamos antes de la muerte y resurrección de Cristo: 1) la POSIBILIDAD de llegar al Cielo 2) la ayuda para llegar al Cielo que son los sacramentos.
+ Antes de la Redención no existía la posibilidad de salvarse. Las buenas obras no ayudaban a ganarse el Cielo. Ahora sí. Pero Dios no puede dar a todos los hombres presentes y futuros la salvación directamente. Porque Dios mismo creó al hombre libre y, por ello, el hombre tiene que optar libremente por Dios, con su fe y sus obras. Por eso es que la Redención no ha eliminado las tentaciones, ni las enfermedades ni la muerte.
+ O sea, que la Redención eliminó una de las consecuencias del pecado original: la imposibilidad de salvarse. Sin embargo dejó otras consecuencias secundarias: el sufrimiento y la muerte. ¿Por qué Dios hizo esto? Para que la Redención de Cristo se fuera aplicando a cada uno en la medida en que acepte y ame la voluntad de Dios. Y solo se sabe si uno ama la voluntad de Dios cuando esta voluntad va contra nuestra voluntad. Cuando lo que Dios quiere coincide con lo que nosotros queremos (cuando Dios permite que triunfemos en algo, por ejemplo) es difícil saber si uno quiere la voluntad de Dios o quiere su éxito.
+ Tenemos aquí entonces el Sentido del Dolor: Dios permite que haya cosas que nos contrarían y rompen nuestros planes y gustos, para que, en la aceptación de esa voluntad divina, manifestemos que de verdad queremos a Dios.
+ Lo que a nosotros nos salvó no fue el sufrimiento de Cristo, sino el amor que Cristo demostró aceptando una voluntad de su Padre tan repugnante como la de ser torturado hasta la muerte.
+ Todas estas son las lecciones que nos brinda la reflexión sobre la pasión y muerte de Cristo.

¿Por qué existe el mal en el Mundo?

Hay una objeción bien fuerte a que exista un Dios bueno: la existencia del mal, en su doble vertiente: los males de la naturaleza (catástrofes, etc) y, sobre todo el mal moral. ¿Cómo puede existir un Dios que sea bueno y todo poderoso y que permita la existencia del mal? Solo se ven dos posibilidades: o Dios no es tan poderoso, y existe un Dios del Mal tan poderoso como Él, o Dios no es tan bueno, y no le preocupa la felicidad de sus criaturas. Esto es lo que se conoce en teología como el “misterio de la iniquidad”(2Ts 2,7), que ha llevado a mucha gente a apartarse de Dios (Lenin, cuando fusilaron a su hermano). Debemos por tanto examinar el origen del mal.

+ Debemos distinguir dos tipos de males: el mal físico y el mal moral. Mal físico es: un terremoto, una inundación, la enfermedad, el calor sofocante, etc. Mal moral es: el que haya gente -nosotros- que no hagamos lo que se debe hacer: el egoísmo, el orgullo, la vanidad.
¿Por qué existe el mal físico?:
+ ¿No podía Dios haber hecho un mundo perfecto, en el que no pudiera existir ningún mal físico? (no incluimos ahora el moral) “En su poder infinito, Dios podría haber creado siempre algo mejor. Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo en ‘estado de vía’ hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto, lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por lo tanto, el bien físico exige también el mal físico mientras la creación no haya alcanzado la perfección.” (Cat 310). Las catástrofes, la muerte de criaturas (no la del hombre) se explica porque el mundo está en una evolución hacia su perfección. Llegaremos a un mundo, según el plan de Dios, donde esto no ocurra. Esta es la explicación del mal físico.
+ Pero queda por responder por qué Dios quiso un mundo ‘en estado de vía’ caminando hacia la perfección, en vez de un mundo perfecto. Esto se entenderá mejor cuando se entienda la misión para la que Dios diseñó al hombre: dirigir la creación a su perfección, ganarse el cielo haciendo mejor la tierra.
Por qué existe el mal moral, el pecado:
+ Muchas religiones tratan de dar respuesta a esta pregunta. El Cristianismo, en este sentido, tiene una explicación bastante “original”. El Cristianismo no cree que exista un Principio del Mal, un dios del mal, que ha sido la explicación más común en la historia. El Cristianismo cree que, al principio de la Historia hubo un pecado que ha marcado a la Humanidad y a toda la creación. [De hecho, se dice que “no hay rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal” Cat 309. (cambiar esto de sitio)]
+ Lo que el Cristianismo cree es que, principio de la Historia, ocurrió un “cataclismo moral”. Los primeros hombres que Dios creo fueron puestos a prueba y fallaron y pecaron (como también pasó con algunos Ángeles). La prueba parece que consistió en meterles alguna desconfianza respecto a Dios, y efectivamente, sucumbieron. Ahora no podemos hacernos una idea de la gravedad de lo ocurrido, porque para nosotros el pecado es algo que lo vemos y tocamos todos los días. Pero hay que tener presente que ellos no tenían la naturaleza dañada, como nosotros. Ellos sabían perfectamente quién era Dios y quién ellos y su voluntad no estaba dañada por la concupiscencia. Por lo cual, este pecado fue de pura malicia; los nuestros tienen casi siempre algo de debilidad de la voluntad e ignorancia del entendimiento. Por lo tanto fue un evento grandísimo.
El Dios Todopoderoso… por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si El no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal (S. Agustín, enchir. 11, 3). (Cat 312)
Con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: “No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que me enviasteis acá, sino Dios… aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir… un pueblo numeroso” (Gn 45, 8;50, 20; cf Tb 2, 12-18 Vg.). Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf Rm 5, 20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien. (Cat 313)
1) ¿Cómo se transmite el pecado original?
+ Pero lo más difícil de entender no es ¿por qué pecaron? Aunque sí es difícil, sino 1) qué consecuencias tuvo ese pecado 2) porqué y como se transmite ese pecado de padres a hijos.
+ Este pecado original ocurrió, por decirlo figurativamente, durante el “proceso de diseño”, fue parte de ese proceso. Lo que Dios estaba creando no era dos individuos, sino la Naturaleza Humana, con todas las características que iba a tener. Por lo tanto, lo que se dañaron no fueron dos personas, si no la naturaleza humana. Con esto se explica la transmisión.

2) ¿Qué consecuencias tuvo ese pecado?
+ Lutero dice que dejó al hombre tan dañado que es incapaz de hacer nada bueno. Qué todo lo que hace es pecar, hasta cuando dos esposos se quieren. (lo que ocurre es que Dios no se lo toma en cuenta). Los católicos creemos que: dejó la naturaleza herida. Y que es distinto la concupiscencia que el pecado. El hombre es capaz de obras buenas.
+ Concretamente nosotros creemos que:
+ 1) Adán rompió con Dios, perdió su amistad, la gracia santificante, y pasó de ser hijo de Dios a ser una criatura más. Con esto le falta un elemento esencial para su felicidad, porque había sido elevado al orden sobrenatural. Por lo que en el orden puramente natural, como animal racional, no puede conseguir la misma felicidad que alcanzan las otras criaturas.
+ 2) Se rompió el equilibrio dentro del hombre: además de la Gracia; y los dones preternaturales, la naturaleza humana quedó herida por los “vulnera pecati”: a) el alma no tendrá ya dominio sobre el cuerpo, es decir, aparecerá la concupiscencia de la carne y la del espíritu; el cuerpo quedará sometido al sufrimiento y a la muerte; la inteligencia, partiendo de la ignorancia más profunda tendrá que recurrir unicamente a los sentidos para enriquecerse; la voluntad, arrastrada por los apetitos inferiores y mal iluminada por la inteligencia, se extraviará y buscará la felicidad donde no está
+ 3) Se rompió el orden del hombre con la creación: el mundo material estaba destinado para ayudar al hombre en su ascensión hacia Dios, y el hombre estaba diseñado para ser “la voz” de la creación en su canto de la Gloria de Dios. Al romper el hombre con Dios, los seres inferiores dejaron de obedecer con prontitud al hombre. Solo con un penoso trabajo logrará tomar algún control del mundo material, y muchas veces las criaturas serán un estorbo para la felicidad del hombre. No es que el mundo material esté corrompido en sí mismo, sino que el hombre y el mundo estaban diseñados como una unidad. Desde el día que el corazón del hombre se apartó de Dios, las cosas quedaron desunidas, desorientadas, reducidas a un estado de valores brutos y sin rumbo.
+ La verdad es que nada ha sido radicalmente alterado pero todo ha sido desunido. El hombre se ve obligado a reunir las piezas de su ser y del mundo, cuando Dios se había ofrecido a ahorrarle ese trabajo. Y esta es la historia de la humanidad hasta hoy: un paciente y largo esfuerzo por dominar la naturaleza y a sí mismo.

¿Cuál es el uso adecuado del sexo?

¿Cuál es el uso adecuado del sexo?
¿Qué se puede hacer y que no, en este campo? ¿Por qué se dice que está mal la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales, la masturbación? ¿Es porque lo dice la Biblia?

Para responder adecuadamente a esta pregunta hay que encontrar la respuesta a otra pregunta más fundamental: ¿qué es lo que hace que una acciones sean buenas y otras no? ¿cuál es el origen de la moralidad?
Las repuestas dadas a esta pregunta a lo largo de la historia se pueden clasificar en tres grupos:
A) Dios: Dios decide que cosas son buenas y cuáles malas
B) Las cosas: Las cosas son así
C) El hombre: se pone de acuerdo en cada cultura para definir lo que se va a aceptar en esa sociedad y lo que no.

La respuesta cristiana es que la moralidad –la bondad- de los actos depende de cuánto se ajusten al orden natural.

Se dice que algo es bueno si está alineado con el diseño general del universo, si cumple con las leyes naturales (no sólo con la ley natural). Para poder determinar cuál es el buen uso del sexo, necesitamos establecer cuál es el orden natural de este instinto, de esta atracción.
Existen varios placeres físicos en la naturaleza física del hombre: sexo, comer, dormir, beber. Todos están puestos para facilitar que el hombre realice algunas funciones especialmente importantes. Si no existiera el placer en comer o dormir, el hombre estaría retrasando siempre esas funciones.
¿Cuál es la finalidad del instinto sexual? Facilitar al hombre que se una a una mujer, no solo físicamente, sino institucionalmente formando una familia. ¿Pero es ésta una función natural? Es una función social necesaria para el cuerpo de la sociedad, no para cada individuo. El hombre es un animal especialmente complejo, que tarda mucho en desarrollarse. Y para desarrollarse equilibradamente necesita que los primeros años de su vida transcurran bajo el cuidado de unos adultos que le ofrezcan amor. Si esto no está, la persona se desarrolla con carencias.
Para que esto funcione hace falta que el hombre y la mujer se comprometan a vivir juntos establemente. No serviría una unión temporera, como tienen los animales, porque nadie renunciaría a su profesión por una unión temporera. Piensen en lo irracional que es el matrimonio: un muchacho que acaba de ganar la libertad se somete a una nueva esclavitud a compartir la chequera a vivir con una persona de otro sexo, lo que implica que sus intereses son completamente distintos. Fuera de bromas, pensemos seriamente en lo fuerte que es que un hombre y una mujer se comprometen a vivir juntos a formar una familia. Para poder vencer todos estos obstáculos, para vencer esta tendencia a la independencia, el diseñador de la naturaleza ha puesto el instinto sexual: un instinto a compartir la vida y el cuerpo con una mujer. Este es el sentido del instinto sexual: facilitar la procreación dentro del un matrimonio.
Si hemos entendido esto podemos dejar aqui la charla, ya tenemos aquí la regla de oro de la moralidad sexual: es bueno cualquier uso del sexo que esté orientado a la procreación dentro del matrimonio, a la procreación humana (fuera del matrimonio es procreación animal).

Vamos a aplicar esta regla a algunas situaciones concretas, para que veamos lo mucho que ilustra:
¿No es la pornografía (o simplemente, el usar imágenes provocativas de mujeres como reclamo comercial en anuncios) no es disfrutar de una belleza que Dios ha puesto en la mujer? Respuesta: Es usar de esa atracción, pero con otro fin: capturar la atención. Esto, además trivializa el atractivo de una mujer, que se usa simplemente como mercancía. Esto aplica a usar la excusa de una playa para exhibir los atributos femeninos.
La homosexualidad: para entender la moralidad de la homosexualidad hay que distinguir entre tendencia homosexual y conducta homosexual. Tendencia es sentir la atracción hacia otra persona del mismo sexo. Conducta homosexual es dejarse llevar por esa tendencia y tener relaciones con otro del mismo sexo. La conducta está mal, la tendencia no. Una persona puede sentir las tendencias más desordenadas que se puedan imaginar, pero si no se deja llevar ni se goza en esas tendencias, no está haciendo nada malo.
Pero, el vivir toda la vida reprimiendo unas tendencias ¿no es insano, anti-natural, dañino, malo? Lo natural en una naturaleza dañada como la nuestra, en una naturaleza que perdió su diseño original, es vivir toda la vida combatiendo tendencias desordenadas. La gran mayoría de los hombres tenemos que vivir toda nuestra vida con tendencias adúlteras, y eso nos es para cogernos pena. El problema de fondo es que mucha gente cree que el fin de la vida es el placer, y decirle a alguien que no va a tener fuente de placer es condenarlo, es quitarle el fin de la vida, es inhumano.

ALGUNAS CUESTIONES DE CASTIDAD MATRIMONIAL
Aplicando este mismo principio de que el uso adecuado del sexo es dentro del matrimonio y orientado o abierto a la procreación. Eso significa que no hay espacio para el sexo anal. No hay espacio para el onanisno: para arrojar el semen fuera de la vagina ni cualquier comportamiento que impida el final natural del acto conyugal.
Para Lutrero el acto conyugal es un pecado que Dios no toma en cuenta, entonces uno puede realizarlo pero no puede disfrutarlo. Para nosotros es un acto sagrado: Dios está ahí con nosotros, y lo hacemos siguiendo una regla que él estableció. Siempre que respetemos el final natural del acto, podemos adornarlo con cosas que lo realcen: una música, un vino, un juego. Porque Dios está ahí si no estamos cerrando el acto a la vida. Pero cuando dos esposos hacen el sexo con protección lo que están haciendo es masturbarse mutuamente
No significa que uno trate de tener hijos en cada relación. No es mejor cristiano el que más hijos tenga. Se trata de dejar el acto conyugal “abierto”, de que haya en cada relación un cierto riesgo (de no pretender mantener el control total sobre el acto, para que si Dios quiere pueda ser un acto creador. Se trata de darle a Dios su espacio, y no pretender nosotros tener un control completo de nuestra vida.
Por vivir nosotros en un mundo donde Dios está arrinconado, se nos mete la idea de que nosotros tenemos que tomar control completo de nuestra vida. Entonces para ver si podemos tener un hijo, sumamos y restamos a ver si tenemos los recursos. Y esto a Dios le da pena, y a nosotros nos lleva al desasosiego: al miedo a perder el trabajo, a la vergüenza por no tener a cierta edad ciertos bienes, etc. Si no salimos de esta trampa, y contamos con que Dios sabe más, y Él dirige nuestra vida, sino rompemos esa forma de pensar, llega primero la tibieza y luego la frialdad.
Vivimos en uno de esos ciclos históricos en los que las costumbres se degradan y el tono moral de todo el mundo, no solo de los pervertidos, se pone más bajito. Y puede ser que subjetivamente no nos demos cuenta de que se nos mete la impureza simplemente con “estar” en el mundo (ver la tv, caminar por la calle, ir a la playa, etc). El problema es que, aunque subjetivamente no nos demos ni cuenta, objetivamente hace daño a nuestra alma porque enfría en nosotros el amor y hace que, a la larga, las cosas no nos sepan a nada, perdamos la sensibilidad, necesitemos cada vez más carga en las cosas para que nos atraigan (en las cosas de todo tipo: proyectos del trabajo, personas, objetos personales, un carro, etc). Este embotamiento de la sensibilidad hace que disfrutemos menos la vida.
¿Cómo no perder la sensibilidad cuando estamos en un ambiente negativo? Examinándonos con valentía cada semana y pidiendo perdón a Dios y ayuda a la Virgen.
En general, hemos de ver la pureza como algo positivo, que nos hace disfrutar cada vez más de la vida y ver a Dios a nuestro lado.

Templanza

El que existe una realidad inmaterial junto con la material es algo que han reconocido prácticamente todos los seres humanos de todas las épocas. La existencia de dioses, ángeles, espíritus, etc ha sido universalmente creída. Los materialistas han sido, excepto en el siglo 20, algunos pensadores profesionales, como Demócrito o Lucrecio.
Otra forma de pensar que no es tan universal, pero que es muy común, es pensar que la materia es una realidad mala, fruto de un principio malo y que el espíritu es un chispazo de algo bueno, que hay en nosotros.

La doctrina católica, sin embargo, afirma la primacía del espíritu sobre la materia, pero afirmando a la vez la dignidad de la materia, negando la visión de que la materia es fruto del mal y el espíritu un chispazo del Bien. En la visión cristiana, el universo es una jerarquía de seres, que son distintos para poder reflejar entre todos a Dios. Dios es tan sólido como una roca, tan sutil como el aire, tan rápido como un cheeta, tan fuerte como un rinoceronte. El Génesis nos enseña que Dios vio que todo era bueno (en directa oposición a la cultura babilónica del momento), y además, Dios se hace hombre y toma materia y carne. Considera, además, la doctrina católica, que el cuerpo es templo del Espíritu Santo y que está llamado a un destino eterno.
Por lo tanto es cristianismo no desprecia la realidad material. Lo que sí hace es reconocer que el hombre cometió un pecado original y que esto ha tenido como consecuencia un desorden en el hombre que hace que a veces sienta una atracción desordenada por lo material o lo sensible. Esto hace que el cristianismo pregone que el hombre tiene que estar siempre evaluando la atracción que siente hacia lo material para distinguir cuándo es buena y cuándo es perniciosa.
Vivimos en una época en la que las posibilidades de extraer placer del mundo material se han multiplicado: comidas, vista, sensaciones. Esto de por sí no es malo. Pero ha coincido con un apagamiento de la fe, y ha llevado a que, de hecho, mucha gente sienta que lo único que hay es el mundo material y que, por lo tanto, el placer es el fin del hombre. Porque ya Santo Tomás lo dijo: si no existiera el espíritu, el fin del hombre sería el placer.
Por lo tanto se impone a nosotros una necesidad especial de vivir la virtud de la templanza. Vivir una virtud no es solo un acto de la voluntad, un esforzarse, sino también un acto de la inteligencia, un examinarse, para detectar, con la luz de Dios, cuando estamos amando desordenadamente algo.
La templanza no es, por tanto, represión, sino moderación sin anormalidades. Procura un equilibrio que garantice el desarrollo integral del ser humano.
La templanza produce, como su efecto propio, dar a la persona una armonía en su alma, en su vida. Y la armonía, por definición, es belleza y esto, por definición es algo que atrae a los demás. La templanza, por lo tanto, es un activo apostólico.
Uno de sus principales campos en las comidas y bebidas. Pero también en el oído, lo que necesitamos de música. En las posiciones.

Evidencia Histórica sobre la Resurrección de Cristo

 

Tomado de William Lane Craig “Contemporary Scholarship and the Historical Evidence for the Resurrection of Jesus Christ,” Truth 1 (1985): 89-95.

Los tres hechos que mejor demuestran la historicidad de los testimonios del Nuevo testamento sobre la resurrección del Jesús son:

  1. El análisis de los testimonios sobre las apariciones de Jesús resucitado
  2. La tumba vacía
  3. El análisis de cómo se originó la fe cristiana

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Análisis de los testimonios de las apariciones del resucitado

Undoubtedly the major impetus for the reassessment of the appearance tradition was the demonstration by Joachim Jeremias that in 1 Corinthians 15: 3-5 “Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escriturasy que se apareció a Cefas, y después a los doce” Paul is quoting an old Christian formula which he received and in turn passed on to his converts According to Galatians 1:18 Luego, tres años después, subí a Jerusalén para ver a Cefas, y permanecí a su lado quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el hermano del Señor”. Paul was in Jerusalem three years after his conversion on a fact-finding mission, during which he conferred with Peter and James over a two week period, and he probably received the formula at this time, if not before. Since Paul was converted in AD 33, this means that the list of witnesses goes back to within the first five years after Jesus’ death. Thus, it is idle to dismiss these appearances as legendary. We can try to explain them away as hallucinations if we wish, but we cannot deny they occurred

For in order for these stories to be in the main legendary, a very considerable length of time must be available for the evolution and development of the traditions until the historical elements have been supplanted by unhistorical. All NT scholars agree that the gospels were written down and circulated within the first generation, during the lifetime of the eyewitnesses. Indeed, a significant new movement of biblical scholarship argues persuasively that some of the gospels were written by the AD 50’s.

La tumba vacía

(1) The historical reliability of the burial story supports the empty tomb.

If the burial account is accurate, then the site of Jesus’ grave was known to Jew and Christian alike. In that case, it is a very short inference to historicity of the empty tomb. For if Jesus had not risen and the burial site were known:

(a) the disciples could never have believed in the resurrection of Jesus. For a first century Jew the idea that a man might be raised from the dead while his body remained in the tomb was simply a contradiction in terms. In the words of E. E. Ellis, “It is very unlikely that the earliest Palestinian Christians could conceive of any distinction between resurrection and physical, ‘grave emptying’ resurrection. To them an anastasis without an empty grave would have been about as meaningful as a square circle.”

(b) Even if the disciples had believed in the resurrection of Jesus, it is doubtful they would have generated any following. So long as the body was interred in the tomb, a Christian movement founded on belief in the resurrection of the dead man would have been an impossible folly.

(c) The Jewish authorities would have exposed the whole affair. The quickest and surest answer to the proclamation of the resurrection of Jesus would have been simply to point to his grave on the hillside

(2) Paul’s testimony supports the fact of the empty tomb.

Here two aspects of Paul’s evidence may be mentioned.

(a) In the formula cited by Paul the expression “he was raised” following the phrase “he was buried” implies the empty tomb. A first century Jew could not think otherwise. The notion of the occurrence of a spiritual resurrection while the body remained in the tomb is a peculiarity of modern theology.

(b) The phrase “on the third day” probably points to the discovery of the empty tomb. Very briefly summarized, the point is that since no one actually witnessed the resurrection of Jesus, how did Christians come to date it “on the third day?” The most probable answer is that they did so because this was the day of the discovery of the empty tomb by Jesus’ women followers. Hence, the resurrection itself came to be dated on that day. Thus, in the old Christian formula quoted by Paul we have extremely early evidence for the existence of Jesus’ empty tomb.

(3) The empty tomb story is part of the pre-Markan passion story and is therefore very old.

The empty tomb story was probably the end of Mark’s passion source. As Mark is the earliest of our gospels, this source is therefore itself quite old. Two lines of evidence for this conclusion:

(a) Paul’s account of the Last Supper in 1 Cor. 11:23-5 presupposes the Markan account. Since Paul’s own traditions are themselves very old, the Markan source must be yet older.

(b) The pre-Markan passion story never refers to the high priest by name. It is as when I say “The President is hosting a dinner at the White House” and everyone knows whom I am speaking of because it is the man currently in office. Similarly the pre-Markan passion story refers to the “high priest” as if he were still in power. Since Caiaphas held office from AD 18-37, this means at the latest the pre-Markan source must come from within seven years after Jesus’ death. This source thus goes back to within the first few years of the Jerusalem fellowship and is therefore an ancient and reliable source of historical information.

(4) The story is simple and lacks legendary development.

The empty tomb story is uncolored by the theological and apologetical motifs that would be characteristic of a later legendary account. Perhaps the most forceful way to appreciate this point is to compare it with the accounts of the empty tomb found in apocryphal gospels of the second century. For example, in the gospel of Peter a voice rings out from heaven during the night, the stone rolls back of itself from the door of the tomb, and two men descend from Heaven and enter the tomb. Then three men are seen coming out of the tomb, the two supporting the third. The heads of the two men stretch up to the clouds, but the head of the third man overpasses the clouds. Then a cross comes out of the tomb, and a voice asks, “Hast thou preached to them that sleep?” And the cross answers, “Yea”. In the Ascension of Isaiah, Jesus comes out of the tomb sitting on the shoulders of the angels Michael and Gabriel. These are how real legends look: unlike the gospel accounts, they are colored by theological motifs.

(5) The tomb was probably discovered empty by women.

To understand this point one has to recall two facts about the role of women in Jewish society.

(a) Woman occupied a low rung on the Jewish social ladder. This is evident in such rabbinic expressions as “Sooner let the words of the law be burnt than delivered to women” and “Happy is he whose children are male, but woe to him whose children are female.”< /span>

(b) The testimony of women was regarded as so worthless that they were not even permitted to serve as legal witnesses in a court of law. In light of these facts, how remarkable must it seem that it is women who are the discoverers of Jesus’ empty tomb. Any later legend would certainly have made the male disciples to discover the empty tomb. The fact that women, whose testimony was worthless, rather than men, are the chief witnesses to the empty tomb is most plausibly accounted for by the fact that, like it or not, they were the discoverers of the empty tomb and the gospels accurately record this.

(6) The earliest Jewish polemic presupposes the empty tomb.

In Matthew 28, we find the Christian attempt to refute the earliest Jewish polemic against the resurrection. That polemic asserted that the disciples stole away the body. The Christians responded to this by reciting the story of the guard at the tomb, and the polemic in turn charged that the guard fell asleep. Now the noteworthy feature of this whole dispute is not the historicity of the guards but rather the presupposition of both parties that the body was missing. The earliest Jewish response to the proclamation of the resurrection was an attempt to explain away the empty tomb. Thus, the evidence of the adversaries of the disciples provides evidence in support of the empty tomb.

La resurrección es la mejor de las explicaciones posibles que hay

A. The disciples stole Jesus’ corpse and lied about the resurrection appearances.

This explanation characterized the earliest Jewish anti-Christian polemic and was revived in the form of the conspiracy theory of eighteenth century Deism. The theory has been universally rejected by critical scholars and survives only in the popular press. To name only two considerations decisive against it:

(i) it is morally impossible to indict the disciples of Jesus with such a crime. Whatever their imperfections, they were certainly good, earnest men and women, not impostors. No one who reads the New Testament unprejudicially can doubt the evident sincerity of these early believers

. (ii) It is psychologically impossible to attribute to the disciples the cunning and dering- do requisite for such a ruse. At the time of the crucifixion, the disciples were confused, disorganized, fearful, doubting, and burdened with mourning-not mentally motivated or equipped to engineer such a wild hoax. Hence, to explain the empty tomb and resurrection appearances by a conspiracy theory seems out of the question.

B. Jesus did not die on the cross, but was taken down and placed alive in the tomb, where he revived and escaped to convince the disciples he had risen from the dead.

This apparent death theory was championed by the late eighteenth/early nineteenth century German rationalists, and was even embraced by the father of modern theology, F. D. E. Schleiermacher. Today, however, the theory has been entirely given up:

(i) it would be virtually impossible medically for Jesus to have survived the rigors of his torture and crucifixion, much less not to have died of exposure in the tomb.

(ii) The theory is religiously inadequate, since a half-dead Jesus desperately in need of medical attention would not have elicited in the disciples worship of him as the exalted Risen Lord and Conqueror of Death. Moreover, since Jesus on this hypothesis knew he had not actually triumphed over death, the theory reduces him to the life of a charlatan who tricked the disciples into believing he had risen, which is absurd. These reasons alone make the apparent death theory untenable.

C. The disciples projected hallucinations of Jesus after his death, from which they mistakenly inferred his resurrection.

The hallucination theory became popular during the nineteenth century and carried over into the first half of the twentieth century as well. Again, however, there are good grounds for rejecting this hypothesis:

(i) it is psychologically implausible to posit such a chain of hallucinations. Hallucinations are usually associated with mental illness or drugs; but in the disciples’ case the prior psycho-biological preparation appears to be wanting. The disciples had no anticipation of seeing Jesus alive again; all they could do was wait to be reunited with him in the Kingdom of God. There were no grounds leading them to hallucinate him alive from the dead. Moreover, the frequency and variety of circumstances belie the hallucination theory: Jesus was seen not once, but many times; not by one person, but by several; not only by individuals, but also by groups; not at one locale and circumstance but at many; not by believers only, but by skeptics and unbelievers as well. The hallucination theory cannot be plausibly stretched to accommodate such diversity.

(ii) Hallucinations would not in any case have led to belief in Jesus’ resurrection. As projections of one’s own mind, hallucinations cannot contain anything not already in the mind. But we have seen that Jesus’ resurrection differed from the Jewish conception in two fundamental ways. Given their Jewish frame of thought, the disciples, were they to hallucinate, would have projected visions of Jesus glorified in Abraham’s bosom, where Israel’s righteous dead abode until the eschatological resurrection. Thus, hallucinations would not have elicited belief in Jesus’ resurrection, an idea that ran solidly against the Jewish mode of thought.

(iii) Nor can hallucinations account for the full scope of the evidence. They are offered as an explanation of the resurrection appearances, but leave the empty tomb unexplained, and therefore fail as a complete and satisfying answer. Hence, it seems that the hallucination hypothesis is not more successful than its defunct forebears in providing a plausible counter-explanation of the data surrounding Christ’s resurrection.

Por qué es tan problemático creer

Julio 2008 tomado de “ Introducción al Cristianismo” de Joseph Ratzinger.

¿Qué significa tener fe? ¿Qué significa “creo”? 1

¿Por qué es problemático tener fe en el mundo actual? 2

1) En el mundo moderno, creer en lo invisible es especialmente problemático. 2

2) La fe es una forma de “tradición”, que es un valor caduco en el mundo moderno. 2

3) El cristianismo cree en una mezcla de la temporal con lo eterno (la Encarnación) que es mucho más difícil de creer que la existencia de un mundo invisible e inaccesible. 3

Ante estos problemas, ¿podemos de seguir creyendo?; ¿debemos?
3

¿Qué significa tener fe? ¿Qué significa “creo”?

Tengo un sugerencia para hacerle a Dios sobre cómo organizar mejor la religión, que haría todo mucho más sencillo, y mucha más gente iría al Cielo y no sería tan conflictivo creer en él en esta tierra. Las sugerencias sería las siguientes:

  1. que cualquiera pudiera mirar al cielo y ver a Dios y sentir que Él nos ve a nosotros y que nos ama;
  2. ver junto a él a los que ya murieron y se han portado bien, gozando y cantando;
  3. que Dios nos sonriera y nos premiara cuando hacemos las cosas bien y
  4. que nos fueran las cosas mal cuando nos portamos mal y nos tratamos de esconder de Él.

Nada de esto es irracional pedirlo, y evitarían mucho consumo de energía a los hombres.

¿Por qué las cosas no son así? ¿Por qué Dios no es evidente? ¿Por qué no es evidente el más allá?

Nadie, ni siquiera el creyente, puede servir a otro Dios y su reino en una bandeja. El que no cree puede sentirse seguro en su incredulidad, pero siempre le atormenta la sospecha de que .quizá sea verdad. El “quizá” es siempre tentación ineludible a la que uno no puede sustraerse. Digámoslo de otro modo: tanto el creyente como el no creyente participan, cada uno a su modo, en la duda y en la fe, siempre y cuando no se oculten a sí mismos y a la verdad de su ser. Nadie puede sustraerse totalmente a la duda o a la fe. Para uno la fe estará presente a pesar de la duda, para el otro mediante la duda o en forma de duda. Es ley fundamental del destino humano encontrar lo decisivo de su existencia en la perpetua rivalidad entre la duda y la fe, entre la impugnación y la certidumbre. La duda impide que ambos se encierren herméticamente en su yo y tiende al mismo tiempo un puente que los comunica. Impide a ambos que se cierren en sí mismos: al creyente lo acerca al que duda y al que duda lo lleva al creyente; para uno es participar en el destino del no creyente; para el otro la duda es la forma en la que la fe, a pesar de todo, subsiste en él como exigencia.

¿Qué significa “tener fe”? La cuestión fundamental que ha de resolver una introducción al cristianismo es qué significa “yo creo”, pronunciada por un ser humano.

No todas las religiones son una fe. Sin darnos cuenta, suponemos que “religión” y “fe” son lo mismo y que todas las religiones pueden definirse también como “fe”. Pero esto es sólo verdad en cierto sentido, ya que muy a menudo otras religiones no se denominan así, y gravitan en torno a otros puntos. El Antiguo Testamento, por ejemplo, considerado como un todo, no se ha definido a sí mismo como .fe., sino como “ley”. La religio expresa principalmente, según la religiosidad romana, la suma de determinados ritos y obligaciones. Para ella no es decisivo un acto de fe en lo sobrenatural.

“Tener fe” es aceptar que hay una parte de la realidad que es invisible. Dios es esencialmente invisible. Esta expresión de la fe bíblica en Dios que niega la visibilidad de los dioses es ante todo una afirmación sobre el hombre: el hombre es la esencia vidente que parece reducir el espacio de su existencia al espacio de su ver y comprender. Pero en ese campo visual humano, que determina el lugar existencial del hombre, Dios no aparece ni puede aparecer por mucho que se ensanche el campo visual.

Con esto se dibuja la silueta de la actitud expresada en la palabra credo. Significa que el hombre no ve en su ver, oír y comprender la totalidad de lo que le concierne, sino que busca otra forma de acceso a la realidad; a esta forma la llama fe y en ella encuentra la abertura decisiva de su concepción del mundo. Si esto es así, la palabra credo encierra una opción fundamental ante la realidad como tal; no significa comprender esto o aquello, sino una forma primaria de proceder ante el ser, la existencia, lo propio y todo lo real. Es una opción en la que lo que no se ve, lo que en modo alguno cae dentro de nuestro campo visual, no se considera como irreal sino como lo auténticamente real, como lo que sostiene y posibilita toda la realidad restante. Es una opción por la que, lo que posibilita toda la realidad, otorga verdaderamente al hombre su existencia humana, le hace posible como hombre y como ser humano. En lo íntimo de la existencia humana hay un punto que no puede ser sustentado por lo visible y comprensible, sino que choca con lo que no se ve de tal modo que esto le afecta y aparece como algo necesario para su existencia.

Creer en lo invisible exige un cambio existencial, vital, en el que cree. A esta actitud sólo se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento. El hombre tiende por inercia natural a lo visible, a lo que puede coger con la mano, a lo que puede comprender como propio. Ha de dar un cambio interior para darse cuenta de lo ciego que es al fiarse solamente de lo que pueden ver sus ojos. Sin este cambio de la existencia, sin oponerse a la inercia natural, no hay fe. Y porque nuestra inercia natural nos empuja en otra dirección, la fe es un cambio diar
iamente nuevo
.

¿Por qué es problemático tener fe en el mundo actual?

1) En el mundo moderno, creer en lo invisible es especialmente problemático.

He aquí la razón por la que la fe es hoy día, bajo las condiciones específicas que nos impone nuestro mundo moderno, problemática y, al parecer, casi imposible. Pero no sólo hoy, ya que la fe siempre ha sido, más o menos veladamente, un salto sobre el abismo infinito desde el mundo visible. La fe siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto; implica la osadía de ver en lo que no se ve lo auténticamente real, lo auténticamente básico.

2) La fe es una forma de “tradición”, que es un valor caduco en el mundo moderno.

Al abismo entre lo visible y lo invisible, hemos de añadir, agravando la situación, otro: el de lo pasado y lo actual. La gran paradoja que implica la fe se nos agranda al ver que se presenta ante nosotros con la vestimenta del pasado, parece ser el mismo pasado, sus formas de vida y existencia. La fe ya no se considera como una valentía temeraria del hombre, antes bien, la vemos como exigencia de obligarnos hoy a lo pasado, de juzgar lo pasado como lo imperecederamente definitivo. Pero ¿quién puede hacer eso en una época en la que, en vez del concepto de tradición, se abre paso la idea de progreso? Para el espíritu de generaciones pasadas el concepto tradición pudo ser un programa a seguir; parecía el lugar de refugio donde uno se podía cobijar. Hoy día las cosas han cambiado: la tradición es algo superado; el progreso, en cambio, es la auténtica promesa del ser.

3) El cristianismo cree en una mezcla de la temporal con lo eterno (la Encarnación) que es mucho más difícil de creer que la existencia de un mundo invisible e inaccesible.

El cristianismo no es una religión de lo eterno. La fe cristiana no trata simplemente, como a primera vista pudiera pensarse, de lo eterno que queda fuera del mundo y del tiempo humano como cosa totalmente distinta de ellos. La fe trata más bien de Dios en la historia, de Dios como hombre. La fe pretende ser revelación, y por lo tanto parece superar el abismo que yace entre lo eterno y lo temporal, entre lo visible y lo invisible.

Pero Dios entró en la historia para morir. A primera vista no parece tan complicado, porque Jesucristo se presenta como un “explicador” de Dios, como una ventana que nos permite mirar la eternidad. Nos pareció en un principio que Dios se acercaba a nosotros, que podía mezclarse con nosotros los hombres, que podíamos seguir sus huellas. Pero todo esto, en el sentido más profundo, es el pre-requisito para la “muerte de Dios” que condiciona irrevocablemente el curso de la historia y de las relaciones del hombre con Dios. Dios se ha acercado tanto a nosotros que hemos podido matarle e impedir, al parecer, que fuese nuestro Dios, el Dios para nosotros.

Ante lo complicado de entender la muerte de Dios ¿No es mejor dejar a Dios en su lejanía, como hacen las religiones asiáticas? Por eso ante la revelación nos encontramos hoy día desconcertados, perplejos; y ante ella nos preguntamos, sobre todo cuando estudiamos la religiosidad de Asia, si no hubiese sido mucho más sencillo creer en lo eterno y escondido, fiarse de él a conciencia; si no hubiese sido mejor que Dios nos hubiese dejado en una lejanía infinita; si no hubiese sido más realizable escuchar, separados de lo mundano y en tranquila contemplación, el misterio eternamente incomprensible, que entregarnos al positivismo de la fe en una persona y vincular la salvación del hombre y del mundo a una cabeza de aguja. A un Dios reducido a un punto, ¿no debemos eliminarlo de una concepción del mundo que ha reducido al hombre y a su historia a un grano insignificante de arena dentro del todo que el mismo hombre en los ingenuos años de su infancia ha considerado como el centro del universo? ¿No ha llegado la hora de que el hombre, superada la infancia, despierte del sueño, se restriegue los ojos, rechace ese sueño tonto por muy bonito que fuese, y entre sin duda en ese potente conjunto en el que está metida su vida que, al aceptar su insignificancia, adquirirá un nuevo sentido?

Ante estos problemas, ¿podemos de seguir creyendo?; ¿debemos?

Con esto abordamos el problema de la fe cristiana en toda su profundidad: ¿Podemos todavía creer? La pregunta ha de ser más radical todavía: ¿no debemos, no tenemos la obligación de, despertar del sueño y entrar en la realidad?

No tratemos de mantener a pie el cristianismo a base de retocarlo. Si no sirve, olvidémoslo; porque la gente necesita conocer “la verdad”. El cristiano de hoy tiene que hacerse estas preguntas y no debe contentarse con comprobar que siempre hay a la mano una interpretación del cristianismo que no escandaliza. Si la teología nos dice un día, por ejemplo, que la “resurrección de los muertos” significa que el hombre, nueva, diaria e infatigablemente tiene que ir a la obra del futuro, hemos eliminado el escándalo, ¿pero hemos sido fieles? ¿No hay deslealtad en querer mantener en pie el cristianismo en base de interpretaciones como las actuales? Cuando nos amenaza la idea de refugiarnos en esas interpretaciones, ¿no debemos más bien confesar que estamos venciéndonos? ¿No tenemos entonces que entrar sencilla e indudablemente en la realidad duradera? Digámoslo abiertamente: un cristianismo interpretado de manera que se le prive de la realidad, es una falta de sinceridad ante los problemas de los no cristianos. Sería una injusticia.

Pero, entonces, ¿qué hacemos con los problemas que implica creer? Los problemas que implica el creer, no pueden sintetizarse ni rechazarse en un tratado. [lo siguiente no está en el libro de introducción al cristianismo] La fe hay que justificarla, en último extremo, con la vida, a nivel existencial. En la medida en que la fe produzca, junto con mejores explicaciones del mundo, mejores vidas, será más justificable creer en el mundo de hoy.

 

La Doctrina Social de la Iglesia

Para perfilar con toda claridad la misión sobrenatural de la Iglesia, viene bien tener en cuenta cuál es la doctrina y los criterios de la propia Iglesia acerca de los problemas de orden temporal, doctrina y criterios que se expresan en la llamada doctrina social de la Iglesia.

Noción

Es aquella parte de la enseñanza moral cristiana, orientada esencialmente a la acción, que nace del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias (comprendidas en el mandamiento supremo de amor a Dios ya al prójimo y en las exigencias de l
a justicia) con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.

Fundamento de la intervención de la Iglesia en Material Social

Desde la aparición de la enc. Rerum novarum (1891), la Iglesia ha manifestado su derecho y su deber de intervenir en materia social, estableciendo para ello una enseñanza a la cual considera como parte integrante de la concepción cristiana de la vida.

En su aspecto meramente cronológico, esta actitud de la Iglesia surge, de una manera muy concreta, con ocasión de las graves dificultades provocadas por la «cuestión social» en el siglo 19; pero en lo que atañe al contenido de su d.. s., la actitud de la Iglesia es radicalmente dependiente de las enseñanzas evangélicas, constituyendo un efectivo desarrollo y una aplicación homogénea de las mismas, en orden a los problemas planteados por las nuevas necesidades de los tiempos.

La preocupación social no sólo no es patrimonio exclusivo de la Iglesia, sino que ni siquiera dentro del cristianismo pertenece únicamente a los católicos. En el pensamiento protestante hay muestras indiscutibles de esta preocupación. Cierto que, inicialmente, al supeditar el luteranismo la Iglesia al Estado, y el calvinismo el Estado a la Iglesia, la misión social propia de ésta quedó completamente oscurecida y, por lo mismo, sin verdaderas posibilidades de elaborar una doctrina social correspondiente a su cometido específico.

«Fundada, dice Paulo VI, para establecer desde aquí abajo el Reino de los cielos y no para conquistar un poder terrenal, la Iglesia afirma claramente que los dos campos son distintos, de la misma manera que son soberanos los dos poderes, el eclesiástico y el civil, cada uno en su terreno. Pero, viviendo en la historia, la Iglesia debe escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio. Tomando parte en las mejores aspiraciones de los hombres y sufriendo al no verlas satisfechas, desea ayudarles a conseguir su pleno desarrollo, y esto precisamente porque ella les propone lo que posee como propio: una visión global del hombre y de la humanidad»

Claro está que al subrayar así la competencia de la Iglesia, lo que no hace Pío XII es proponer que se aplace su misión específica hasta que se hayan conseguido unas condiciones sociales óptimas; por el contrario, en otro texto aclara Pío XII, expresamente, que «no se puede sacar la conclusión de que la Iglesia deba comenzar por prescindir de su misión religiosa y procurar, ante todo, el saneamiento de la miseria social». Sería, por tanto, una deformación o un falseamiento el distinguir etapas en la intervención de la Iglesia en este punto, si por ello se entiende la admisión de prioridades cronológicas entre la competencia formalmente sobrenatural y la social. N

La Iglesia misma reconoce las graves dificultades que unas condiciones sociales deficientes oponen a la vida del espíritu, también hay que tener en cuenta, al propio tiempo, todo lo que la Iglesia ha dicho sobre la imposibilidad de un verdadero perfeccionamiento social, si la conciencia y la conducta de los hombres no están regidas por los supremos valores del espíritu.

Límites de la competencia de la Iglesia en materia social

La cuestión es ¿hasta dónde se extiende la competencia del Magisterio eclesiástico en materia social? Esta cuestión procede, sencillamente, de que el problema social no sólo puede enfocarse desde el punto de vista de los valores morales, sino también desde una perspectiva «técnica» y desde el peculiar ángulo de visión de la prudencia política. Esta última no es en sí misma una doctrina o cuerpo de enseñanzas universales, sino una virtud que exige la atención a las concretas y cambiantes circunstancias de la vida civil, aunque siempre aplicando las normas inmutables de la verdad moral (lo contrario sería «maquiavelismo»).

  1. Pues bien, comenzando por la técnica, la actitud de la Iglesia consiste en no inmiscuirse en los asuntos que sean, de veras, puramente técnicos; de suerte que, al mismo tiempo, sigue recabando sus derechos en todo lo que concierne a las dimensiones morales de la vida social. Se trata, pues, de un respeto a la verdadera autonomía de la técnica, junto con una clara repulsa del «imperialismo» de ella.

  1. De una manera análoga, la actitud de la Iglesia consiste en no inmiscuirse tampoco en los asuntos que corresponden propiamente a la prudencia política. «La Iglesia – afirma Pío XI – no se atribuye el derecho de intervenir sin razón en la conducción de los asuntos temporales y puramente políticos; pero su intervención es legítima cuando trata de evitar que la sociedad civil tome pretexto de la política para restringir de cualquier modo los bienes superiores de los que depende la salud eterna de los hombres, o para lesionar los intereses espirituales, valiéndose de leyes y decretos inicuos, o atentando gravemente a la constitución divina de la Iglesia, o, finalmente para atropellar los derechos que en la sociedad posee el mismo Dios» (Ubi Arcano, 23 dic. 1922, AAS 14,690).

Los principios ordenadores de la doctrina social de la Iglesia son:

a) Principio de solidaridad: La solidaridad es un valor moral y social que consiste en “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”.

b) Principio de subsidiaridad: La subsidiaridad es aquel valor social, o principio ordenador de la sociedad, por el que se da primacía a la libre iniciativa y a la responsabilidad de las personas y de los grupos sociales intermedios (familias, asociaciones, empresas privadas), a los niveles en los que estos pueden actuar, sin que el estado ni sociedad alguna entorpezcan ni destruyan el espacio necesario para el ejercicio de la libertades sociales de los ciudadanos.

Este principio puede concretarse e las afirmaciones siguientes:

  • lo que pueda hacer la persona individual, que no lo haga la familia;
  • lo que pueda hacer la familia, que no lo hagan las otras sociedades intermedias (asociaciones, empresas privadas) o el municipio;
  • lo que pueda hacer el municipio, que no lo hagan las autonomías (o provincias);
  • lo que puedan hacer las autonomías, que no lo usurpe el Estado.

¿Soy amigo de mis amigos? Un test de amistad

Soy amigo de mis amigos: un Test de Amistad

Amistad no consiste en sentirse bien junto a una persona, sino en querer de verdad el bien para ella. Y esto, aunque el amido no lo valore o no lo entienda.

¿Qué es ser amigo de otro?

· ¿Le digo las cosas malas a la cara, sus defectos y las cosas que no me gustan, o bien no le digo a él estas cosas pero se las digo a otras personas sobre él?

· Hablo biene de él a sus espaldas? ¿Trato de que no hablen mal de el delante mía?

· ¿Le contamos sobre lo que tenemos dentro de nosotros (nuestros problemas, nuestras alegrías) o ¿preferimos ser ídolos impasibles, lejanos, sin problemas ni miserias?

· ¿Sabemos escucharle aunque para nosotros no tenga interés lo que dice?

· ¿Conocemos a su familia, su cuarto, sus aficiones?

· ¿Nos hemos sacrificado alguna vez por ellos, renunciando a nuestros planes a nuestgro tieimpo por ellos? ¿Llevamos cuenta de las veces que nos hemos sacrificado por ellos, como una cuenta con debe y haber?

· ¿Ponemos cara de sufirmiento cuando nos estamos sacrificando por ellos?

· ¿Pensamos que somos mejores que nuestros amigos?

· Si queremos lo mejor para nuestros amigos:¿tratamos de que nuestros amigos se acerquen a Dios? ¿Qué cosas concretas, de oración, mortificación y acción hemos hecho para que nuestros amigos metan a Dios más en sus vidas?

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